Rodrigo Galarza. Caá Catí 1972
Rodrigo Galarza nació en Caá Catí, provincia de Corrientes, Argentina, en 1972. Vive en Madrid desde hace tres años.
Es profesor en Letras. Co-fundador del Grupo Literario ¨Pájaro de Tinta¨ y director de la revista del mismo nombre. Ha obtenido entre otras distinciones el 1º y 2º Premio de Poesía Los Creadores en la Universidad del Sol (U.N.N.E) edición 1998, como así también la del 2000. Ha publicado en diarios y revistas de su provincia, de Buenos Aires, y de Madrid, comunidad donde ha brindado recitales de poesía a través de la Red de Arte Joven.
Publicó: Soles dormidos (poemas 1992); Cuentionario (1994, 1er Premio del Certamen Anual de la Asociación Correntina de Cultura Inglesa); Diluvio en la memoria (poemas, 1995); Ráfagas de pájaros (poemas, 1997. Premio Peirotén de Publicación, Asociación Santafesina de Escritores). Relámpagos de crepúsculos (poemas, 2000, Edit. Pájaro de Tinta); Twenty Poets from Argentina - Poetry of the Nineties", (2004) Redbeck, Bradford, Inglaterra, traducción de Grahan Yoll.
El Desierto de la Sed. Ed. Amargord. Dic 2005
El desierto de la sed. Rodrigo Galarza. Amargord Ediciones. Madrid, Diciembre 2004.
Este es el quinto poemario publicado del poeta argentino Rodrigo Galarza (Caá Catí-Corrientes, 1972), aunque el primero aparecido en España. El autor considera a este libro como uno de “otoño, de mutaciones existenciales necesarias y dolorosas”, todavía recuerda el arranque del mismo “una noche de mucho frío en que por primera vez, la ciudad me hundió sus colmillos”, refiriéndose a su exilio voluntario en Madrid. Así mismo el poeta prosigue diciendo: “los poemas del Desierto de la sed, están escrito como testimonio de un inmigrante, no en el sentido más tópico de la palabra, sino en el viaje interior que realiza quien cambia radicalmente su vida en búsqueda de otros caminos que alimenten la creación. De pronto te ves ambulando por una ciudad que no es la tuya, que no responde a tu historia personal, y todo se hace frágil, se esfuma: el color de la luz, los olores, los sabores, los sonidos que te acompañaron siempre, que configuraron tu mundo en el marco de una cultura que conocés y que amás más allá de sus virtudes y defecto, desaparece de tus sentidos, pero no de tu alma, y es entonces cuando la otra orilla te tira el corazón y se te hace difícil transitar los nuevos caminos que viniste a buscar”. En ese sentido, en el desarrollo de la obra se evidencia el desgarro de una identidad en favor de una nueva condición existencial, inmersa en una niebla espesa de la que parten y llegan posibles caminos hacia la luz.
Los cincuenta y tres poemas que conforman la colección son textos breves nacidos del silencio y de exploración del dolor, que intentan reconstruir los nuevos exilios del ser: entre ruinas construyo un asilo, silencio a silencio me desnudo y entro, con la verdad del dolor en la frente . El imaginario del poeta recurre de forma reiterativa a dos tres referentes que forman la sustancia de lo que pretende apresar, para así conciliar el mundo con lo que se sugiere, recurriendo a un lenguaje casi desprovisto de adjetivos: “me asomo, al silencio y oigo el nacimiento de la sed: silbo blanco de un pájaro, herido por la luz, blanco sobre blanco, me asomo, y su fulgor se adentra en mí, tiemblo la construcción de un puente”. Es la misma herida la que escribe una y otra vez, y así la búsqueda se instala en el cuerpo mismo del poeta que se deja extasiar: “el silencio ya no te acerca el vientre abierto de la madrugada, la palabra se hizo puñal en tu boca, y no pudiste con tu heridas”.
El desierto de la sed es un libro de transición en la obra de este poeta proveniente del noreste argentino, región subtropical plagada de paisajes exuberantes que engendraban en su pulso vital , una poesía no menos exuberante en correspondencia con el barroco americano. A partir de este libro quizá sean otros los cauces por donde avance su poesía.

Los poetas interiores (una muestra de la nueva poesía argentina).
Ediciones Amargord. Selección y prólogo de Rodrigo Galarza. Dic 2005

El hombre que llevamos en lo hondo tiene su verdad íntima, su faz develadora, que consiste en lo subjetivo, en lo intransferible. Y todo lo subjetivo –como afirma Kierkegaard- es un misterio esencial. El hombre interior es, en definitiva, el que aspira a llegar a las cosas en sí mismas, para llegar a sí. El poeta deja que las cosas del mundo penetren ciegamente en su interior y se hagan parte de su alma. La vida se da como experiencia sentida, de cuya fuerza por expresarse, por decirse, nace posteriormente la necesidad de salir hacia los demás, así la palabra declarada (manifiesta) se torna verso cuya misión fundamental es la comunión con el otro.
 
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