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El Arco Iris de
un anticuario.Ed. Amargord. May06 |
Oscar Aguado se funda y refunda
a sí mismo en sus poemas que transitan registros variados,
disparatados e irreverentes por momentos. En el apartado: “Música
para enfurecer a los mansos” (léase enfurecer y manso
como un llamado a salirse de la pasividad, a proclamarse vivo en el
reino de los vivos) el poeta sabe sentirse un tanguero (argentino):
“Préstame el tango que nace de tus ojos negros la cornisa
de amor en/ la que soñaba Gardel y aquella pelota que el Pelusa
acarició con la/ mano de dios porque no tenía otras...”
“...préstame un lluvia fina que vos también querés...”.
Aguado se pone máscaras (nunca alejadas de su propia vida sentida)
y pasa del tango a una Ranchera de sal y limón: “Si Frida
me pintara yo sería la tequila de tu alma...”, luego
nos regala Una bulería rompiendo tus huesos:... “saltar/
y ese zapateado que surge de las cenizas improvisadas con que está/
hecho el corazón”...
El libro se ve salpicado de algunos maestros reconocibles, y entre
ellos el nombre de Nicanor Parra se pasea cómodo por sus páginas
ya que por momentos, Aguado apela a la ironía y al humor para
sobrellevar el peso de los tiempos que vivimos, la sociedad que nos
achaca con culpas cristianas que no debiéramos tener: “Después
del orgasmo les quedaba llorar/ se fueron separando como si el semen
tuviera la culpa de todo/ tras el orgasmo la culpa los reunió
en una sala alargada donde no/ había nada salvo dos cojines
deshilachados y una estufa rota/ nada se parecía tanto a la
nada...”
Las culpas están, habría que seguir borrándolas
con esta poesía fresca y actual. |
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