2007
Ediciones Amargord cumple su segundo año de singladura por el especialísimo mundo de la edición y la distribución. En este catálogo tenemos el gusto de presentarles las novedades que vamos a sacar a la luz, donde se nota una progresión importante dentro del mundo de la psiconáutica, con la incorporación de las nuevas colecciones MAIOR y SOMA, en las que autores ya consagrados y otros más jóvenes tratarán de llevar el mundo de la nueva cultura chamánica y enteogénica al máximo nivel posible.

Introducimos títulos clásicos, que consideramos necesarios para la bibliografía escrita en nuestro idioma y otros de rabiosa actualidad. En poesía, la colección Helado de Mamey incorpora, tras Hilanderas, una generación de escritoras jóvenes de altísimo nivel que, sin duda, para los amantes de la poesía, será acogida con gran interés. Empezamos con el libro de Marta López Vilar, De sombras y sombreros olvidados. Notar la Antología de poesía griega escrita por mujeres, y al inefable Fco. José Sevilla con su nuevo libro 120 páginas sin lluvia, un hito para el verbo y la metáfora escrita en español.

El Ensayo entra con fuerza a través de tres libros muy diferentes:
Vanitas vanitatis, de Javier Esteban, es un libro ácido e irónico que trata la actualidad de nuestro país con imágenes y textos dedicados a los protagonistas de nuestra historia más reciente con descaro y gracia. Está prologado por Raúl del Pozo.

América como civilización emergente es un ensayo muy actual y directo sobre la situación de América y lo que USA pretende hacer con ella, sentando las bases de una identidad propia, necesaria desde un marco y referencia culturales que permita concienciar a los diferentes pueblos que componen esa América sobre sus derechos y necesidades, que la levante sobre las ideas de globalización y financiación propuestas por USA.
Es obra de Adolfo Colombres, gran antropólogo y escritor argentino, y debe ser leído por todo aquel que quiera conocer qué es América y qué está sucediendo en nuestro mundo hoy.

Al fin, La mirada del poeta nos introduce en la creación más alta de toda cultura como es su poesía. Graciela Maturo analiza la mirada del poeta con su verbo apasionante hasta beber en las fuentes originarias de esa creación humana única que es el poema.

Esperamos que pasen con nosotros un fecundo año 2007.
DE SOMBRAS Y SOMBREROS OLVIDADOS. Marta López Vilar.
Marta López Vilar (Madrid, 1978) es licenciada en Filología Hispánica y actualmente realiza el trabajo de investigación en el departamento de Filología Románica con un tema sobre poesía catalana y castellana contemporánea.

En 2003 fue ganadora del premio Blas de Otero de poesía por el libro de De sombras y sombreros olvidados (Madrid, Universidad Complutense, 2004). Asimismo, ha realizado la edición y traducción de los cuentos catalanes:

El extraño caso de un hombre llamado Pere Portes y Viaje del vizconde ramón de Perellós al Purgatorio (Madrid, ELR Ediciones).

Ha sido antologada en el libro Salida de emergencia (Madrid, nosomoscomodos, 2004) y ha publicado sus poemas en revistas como “müsu”, “Quebrados” o “El sonarbique”. Desde el 2000 es miembro de la Red de Arte Joven de Poesía de la Comunidad de Madrid. Es autora de artículos y reseñas de su especialidad en revistas como “Cuadernos Cervantes de la Lengua Española” o “Clarín”.
Vanitas Vanitatis. Paco Obrer.
LE LLAMABAN PACO OBRER
Les voy a contar una historia: la columna tiene un precio y la pluma para un columnista es la metáfora del revólver. Eso suponiendo que el periodismo fuera una hacendera épica; pero en realidad es, como escribió Pla, una lucha entre arañas y moscas. Antes la pluma era la espada del
articulista, cuando éramos espadachines o mosqueteros de la libertad al servicio de una reinona llamada opinión pública. Hoy la pluma o el ordenata son la analogía del revólver y, a veces, la canción de la ametralladora.
Un día estaba yo en la cantina, con el sombrero sobre los huevos y, de pronto, observé un pistolero tan rápido como yo; es decir, uno de los forajidos más rápidos del salvaje oeste literario. Una vez hecho su trabajo –acabar con un sicario- el pistolero pidió en la barra un hongo alucinógeno y, dirigiéndose a todos, contó que “ Las gordas vuelan, los feos resplandecen y las porteras lloran haciendo de españeta una cebolla rosa con el culo amarronado”. Me dejó sin resuello. Luego apostilló, mirándonos a los ojos, que “el Loco de la Colina se parece a la hermana de Gadafi, y desde que no fuma se rasca la pierna como un veterano de Vietnam”. Preguntó por Evo Morales y comentó: “Decirle que es un hortera, porque ha aparecido con un jersey a raya”.Como hubiera dicho Góngora, en los dos giros de una casi invisible pluma, con baile de tambor, hurtó el viento. Era, naturalmente, un forajido zurdo, como Picasso y Marilyn Monroe; un forajido solitario, un nombre desconocido. No, no le llamaban Trinidad, ni feo, ni bueno, ni malo. Se hacia llamar Paco obrer y sus columnas triunfaban en Internet. Lo busqué por los confines de la Red y descubrí que era en realidad un separatista valenciano que murió, así que me quedé tranquilo… Pero estaba otra vez sentado en la cantina –yo, como El Niño, había matado a muchos hombres sin contar mejicanos- y él apareció de nuevo y llenó de relámpagos el salóm y de fiambres las escupideras. Era el más rápido. Tenía cierta tendencia al fogueo, a la boutade y a la greguería, que es la enfermedad de los jóvenes. Luego me enteré de que tenía, en realidad, como todos los matones de frontera, un seudónimo, un apodo:

Le decían Paco Obrer pero no se llamaba así. De la misma manera que Yukio Mishima en realidad
se llamaba Kimikate Nirapoka, Pablo Neruda era Pablo Neftalí o José Martínez Ruiz se hacía llamar
Azorín, a este gachó le decían Paco Obrer, pero tenía otro nombre. Yo diría que es el mismo Paco Obrer con el que cabalgué una semana en la que yo fui republicano y compramos lotería en la estación de Osuna. Obrer, o quien dice ser Obrer, tiene cara de chico normal y estilo de ánge
exterminador. Humor ácido, humor LSD o con el cordón umbilical conectado al barril de opio.

Tengo mis dudas de que no exista detrás de estos artículos un Cide Hamete de provincias.
Dice Borges que en la época grecolatina se leían libros y no se perdía el tiempo con las tonterías del periodismo. Nos dedicamos a un oficio inútil. Los medios, que una vez fueron baluarte de la libertad, alas de papel de la democracia, en este momento están amenazados por las webs, el bipartidismo, la corrección política y las multinacionales. Las excepciones se cuentan con los dedos de un forajido.

Raúl del Pozo.
Heroína. Eduardo Hidalgo Downing.
La colección Psiconáutica pretende constituir una macroobra colectiva de consulta que pueda considerarse como manual de instrucciones del más amplio abanico de sustancias alteradoras de la consciencia. La dirección corre a cargo del colectivo Interzona, formado por Alejo Alberdi, José Carlos Bouso, Fernando Caudevilla, Fernando Cruz, Davín, Igor Domingo, Alberto Gayo, Eduardo Hidalgo, Josep Rovira, Llorenç Roviras y Santiago Tena.

Las bases de esta nueva aventura editorial ya quedaron definidas en su precursora, Interzona: revista de drogas y cultura, publicación vinculada a Energy Control (ABD) y enfocada desde la perspectiva de la gestión de placeres y riesgos en el consumo de drogas. Partiendo de una premisa evidente, que las drogas se utilizan, se ofrece al lector (usuario o no) una información veraz, amena, contrastada y objetiva que le permitirá hacerse una idea integral de cada una de las sustancias. Historia, usos, efectos, leyes, referentes culturales, políticas, análisis de laboratorio, bibliografía, entrevistas a personajes relevantes… Manteniendo la estructura de los monográficos
previos, cada número pretende aportar una chispa de luz al generalizado desconocimiento sobre el tema en la opinión pública y los medios de comunicación.

En 1898 la heroína fue lanzada al mercado como un prometedor medicamento contra la tos. Con el paso de los años, sin embargo, pasó a ser vista en medio mundo como el enemigo público número uno. El presente libro trata de explicar cómo, cuándo y por qué se produjo este fenómeno. En él se revisan aspectos tales como la historia de la heroína, su influencia sobre la cultura, las bases de su funcionamiento neuroquímico y su relación con la ley y el crimen. Además, esta obra está planteada como un manual práctico para el usuario, para quien ya consuma esta sustancia y, sobre todo, para quien tenga pensado consumirla. De modo que en él se ofrece una exposición clara y explícita de los placeres y los riesgos asociados a su uso, a la vez que se indican las estrategias para una prudente y responsable gestión de placeres y riesgos, con la intención de permitir que el interesado pueda contar con los criterios necesarios para realizar un consumo más seguro y placentero.
Chamanismo. La vía de la mente nativa. Manuel Almendro.
Este libro conciso y clarificador es imprescindible para tener una visión de una de las enseñanzas más antiguas de la Tierra. Su autor, un psicólogo investigador de la mente, desarrolla tanto una panorámica teórica (mapa) como de campo (territorio).

El conocimiento irreductible a la materia y a la mecánica- encuentra en la psicología una disciplina inigualable para saber cómo somos por dentro. Tal vez el chamanismo pueda ofrecer a la psique una vía basada en concebir al mundo como un todo interrelacionado y la oportunidad de elucidar las leyes que lo hacen posible en estos momentos de incertidumbre generalizada.

Acerca del autor.
• Doctor en Psicología, psicólogo clínico, ha pasado por diversas formaciones tanto en España como en California.
• Es director de Oxigeme, un centro y un proceso de integración de la psicología a partir de las teorías del caos, y en particular de los modelos disipativos.
• Entre sus libros se encuentran Psicología y Psicoterapia Transpersonal, La Consciencia Transpersonal (Kairós), Psicología del Caos (La Llave). Psicología Transpersonal: Conceptos Clave (Mez.Roca). Artículos en revistas españolas y americanas etc..
• Ha trabajado desde 1978 en tradiciones de la sabiduría antigua particularmente en Zen con Taisen Deshimaru, Seon Sa Nim, y Dhiravamsa. Con este último desarrolla un programa de integración entre la psicoterapia -vibración inducida- y la meditación vipassana. Desde 1980 trabaja en la tradición mazateca (México) y en la ashaninka y shipibo-conibo (Amazonas peruano).
El paraíso de los escritores ebrios. Marta Herrero Gil.
¿Qué consecuencias proyecta la ebriedad sobre la literatura?
Este libro responde a ésta y otras cuestiones a través de la vida y la literatura de escritores españoles e hispanoamericanos en la franja que se extiende desde el modernismo a la actualidad. Un ensayo novedoso y original de la historiadora Marta Herrero Gil (Madrid, 1981) que pone sobre la mesa cuestiones hoy fundamentales, escrito con rigor e intensidad, en el que escarba las relaciones entre literatura, ebriedad y misticismo en los textos de los escritores españoles e hispanoamericanos más preclaros.

En fin, El paraíso de los escritores ebrios es una pequeña obra maestra que inaugura una nueva forma de crítica literaria.
“¿Qué sienten los escritores al reflejar sus identidades en espejos drogados? ¿Trascienden su condición de mónadas solitarias? ¿Se hacen agua? Y la savia habita en sus entrañas como en las raíces del roble. Su esfuerzo también es el de una conciencia nueva por emerger. Ellos se implicaron en la búsqueda incluso hasta su autodestrucción.
La conciencia a veces se les insinúa. Ellos quieren volver a sus orígenes y ella quizá esté allí esperándolos. Jodorowsky cuenta un koan: subes a lo alto de un mástil y cuando llegas arriba ya no puedes bajar. Miras el mar, miras el barco, pero bajar no puedes. ¿Qué haces? Y la respuesta es: das un salto en el vacío.
Después de llegar a Santiago de Compostela, los peregrinos medievales continuaban su camino hacia la costa para alcanzar el final del mundo conocido, el cabo de Finisterre.
Allí se sentaban a ver atardecer. El sol se ponía, se diluía en el agua y ellos en él. Por un momento deseaban ser peces para sumergirse en el océano y seguir en la noche viajando hacia el sol. Pero ya no podían continuar.
Y llegar al fin del mundo y que el corazón te rebose, y sentir que eres uno con el sol que se pone, y que el corazón desee algo más grande de lo que ves. Y estar a punto de lanzarte al vacío, acantilado abajo, para ver si te salen alas.
Y que vengan los peces para ayudarte a volar.
Blanca doble (Los cuentos de la cocaína). José Mª de la Quintana.
Este libro es sobre todo un ensayo sobre la transformación de la consciencia bajo tomas de cocaína, a través de un sujeto. Se basa en la sospecha de tener al menos dos cerebros, uno diurno y otro nocturno; éste funciona de forma más directa, empática, y es más antiguo. Con la coca accedemos más fácilmente a su interior hormonal y neuronal, y tiene muy poco que ver con el diurno aunque el nocturno ha evolucionado hacia el diurno pero ambos siguen estando ahí, siguen siendo yo. Para ello ha habido que atreverse al viaje y sus “cuentos”. Expliquémonos.

Todos estos relatos menos uno se han escrito después de una ingesta y cuentan los sucesos a posteriori, cambiando lo que haya que cambiar. En casi todos ellos, el autor lo que intenta es lograr que se vean los efectos que causa la cocaína en una conducta normal, entendiendo por normal lo que entendemos por normal, pero también el paisaje de la cocaína, un paisaje mental y objetivo, está claro. En el último cuento explícitamente ensaya los efectos de la cocaína en directo, hecho casi imposible. Es muy difícil escribir “puesto”, ustedes lo saben o yo se lo digo. No falta cierta ironía en el subtítulo: “cuentos”, referido a narraciones que lo son, pero también a engaños que lo son también pero con la propia subjetividad. Si, como dice el gran neurobiólogo colombiano R. Llinás, “la subjetividad es soluble en anestésico local”, el efecto de la cocaína en el cerebro, su engaño, queda manifiesto en estos cuentos, donde se entrecruza la historia, “Las crisis de la historia”, con la realidad mágica, “¿Quién peina a Elena?, El hada de la montaña”, y el submundo madrileño nocturno, “Esa noche no salimos” como si siempre estuviéramos de viaje, como por otra parte ocurre con “La Odisea”, de Homero o de quien o quienes fueran, considerada como la primera novela de Occidente, en la que se trata de volver a casa, aunque el viaje de vuelta dure veinte años.

Aquí pasa lo mismo, volver, llegar es también la meta, como si el efecto de la cocaína en uno hiciera de navegación, de viaje errabundo, fuera de lo que propiamente es de uno, su hogar, su casa. También retos intelectuales y/o místicos, con “Las condiciones del pájaro solitario”, o la perversa “Venus de la coca”. Un libro que reta con su novedad más absoluta a todos aquellos que piensan que escribir es un hecho racional y objetivo que no pasa por el sumergimiento a los infiernos de la mente drogada y su esquizofrenia por soportar ambas vidas con belleza al llevarlas a la literatura, a este Blanca doble, como si la vida fuera una apuesta y sus “cuentos”, la noche que nunca falla, la jugada maestra que gana la partida. Pero falta un detalle y como quien apuesta dentro de su engaño alcanza “en balbuceo” su última ingesta.
De la psiquedelia a la cultura enteogénica. José Carlos Aguirre.
De la misma manera que la “nueva cultura enteogénica” supone cierta maduración respecto de la psicodelia de los sesenta el final del trayecto sólo puede ofrecer la recepción integrada de las sustancias visionarias; precisamente por ser las propias contradicciones emergentes las que animen a la solución de las mismas. Lo contrario, es decir, la paralización de tal proceso sólo podría ser viable desde intereses muy específicos y desde colosales concentraciones de poder. Y en esas estamos gracias a las llamadas políticas prohibicionistas.

El hecho de que un determinado proceso en curso, necesariamente, tenga ámbitos de problematicidad no supone que la mejor solución sea tachar la presencia de los diversos psicoactivos en nuestra sociedad bloqueando su recepción integrada y posibles usos. Las mejores soluciones al problema de las sustancias psicoactivas, con seguridad, vendrán de políticas pragmáticas como la llamada “política de reducción de riesgos” o de modelos como el holandés y no de la llamada por Antonio Escohotado inquisición farmacrática ni del furor prohibicionista. En este sentido es importante considerar cómo las buenas políticas saben atender a los propios equilibrios de los procesos sabiéndolos alentar. Saber rescatar la prudencia y la moderación, exiliar el furor intervencionista que desgrana la prohibición y dejar ser a las propias dinámicas, orientándolas y estimulándolas, acaso sea la mejor receta para dejar atrás en la historia las ya cuatro décadas de políticas sobre drogas instaladas en el más absoluto fracaso.
Cartografía de la experiencia enteogénica. José Carlos Aguirre
Estamos pues ante un libro sinfónico, no exento de debate y de posturas diversas, que antes que plantear respuestas definitivas pretende, sobre todo, abordar tanteos, aportar instrumentos y apuntar posibilidades.

Los últimos años han venido constatando un prudente florecimiento de diversos estudios sobre los efectos y contextos propios de las sustancias visionarias o enteógenos. Dejando de lado la explosión de consumo detonada por la propia prohibición toda una serie de iniciativas están viniendo a configurar un espacio en pleno proceso de maduración. En el mismo se dan la mano desde investigadores de vanguardia a tradiciones ancestrales de uso. El telón de fondo de la actividad descrita será una perspectiva novedosa respecto del valor de la experiencia visionaria. El mero experimentalismo de la vieja psicodelia estaría dejando paso a un especial acento en lo que serían los modos y maneras de integración y elaboración de la experiencia. La disposición básica de esta nueva perspectiva hundiría sus raíces en el creciente interés que suscita la trama de la conciencia y su evolución atendiendo a todo lo relacionado con sus potencias de desarrollo espiritual y sus troqueles inconscientes.

Estaríamos pues ante una auténtica cultura emergente en la que vendría a integrarse un interés renovado por las sustancias visionarias. En la misma se encontrarían gentes de altura provenientes de diversos campos como son la antropología, la psicología o las diversas tradiciones espirituales. Todos ellos estarían aportando sus diversas capacidades en lo que sería la delimitación de la integración psicológica y espiritual de la experiencia. Más allá de las carencias de las que se parte las sustancias visionarias están ahí, y del encuentro con las mismas van surgiendo iniciativas y espacios de reflexión que merecen ser tenidos en cuenta desde los desafíos que esbozan.
América como civilización emergente. Adolfo Colombres.
Adolfo Colombres es narrador y ensayista. Nació en Tucumán, Argentina, en 1944. Se graduó en Derecho en Buenos Aires, ciudad donde reside, y realizó luego estudios de Filosofía, Literatura y Antropología. Su ya vasta obra antropológica incluye, entre los más relevantes,
títulos como La colonización cultural de la América indígena (Quito,1977), La hora del “bárbaro”. Bases para una antropología social de apoyo (México, 1982), Sobre la cultura y el arte popular (Buenos Aires, 1987), América Latina: El desafío del tercer milenio (Buenos Aires, 1993), Celebración del lenguaje, Hacia una teoría intercultural de la literatura (Buenos Aires, 1997), Seres mitológicos argentinos (Buenos Aires, 2001) y Teoría transcultural del arte. Hacia un pensamiento visual independiente (Buenos Aires, 2004).

Como narrador publicó trece novelas (la última, El desierto permanece, es de 2006) y un volumen de cuentos, El ropaje de la gloria (1997). Recibió varios premios por su obra literaria y antropológica en Argentina, México y Cuba.

DEL PRÓLOGO
Este libro se originó en la conciencia de que Nuestra América comenzaba el tercer milenio casi sin proyectos colectivos capaces de afirmarnos ante el mundo como una civilización emergente, esa provincia humana nueva a la que se refería Darcy Ribeiro. Mirando hacia atrás, vemos que nuestra entrada al siglo XX fue en cambio pujante. Las burguesías europeizadas que entonces gobernaban habían adoptado con fe ciega el mito occidental del Progreso, sin distinguir entre el progreso propio y un progreso ajeno realizado a expensas de nuestros recursos. En el bando opuesto, y desde el llano, buscaba imponerse el latinoamericanismo, como alternativa a un panamericanismo cuyo lema, en definitiva, venía a ser “América para los norteamericanos”.

Tan alarmante falta de proyectos esaba mostrando la enfermedad que aqueja a nuestro espíritu utópico, justo ahora que ha llegado al parecer el tiempo de nuestras propias utopías. No se precisan mayores pruebas para demostrar que en la década de los noventa no sólo los intelectuales posmodernos, sino también los que se sentían o decían estar comprometidos con los destinos de la región, se tomaron unas largas vacaciones.
Sleeping Train. Fotografia / Poesía José Ramón Huidobro.
Las tres mil fotografías con las que Ramón Huidobro volvió de su viaje a la India podrían haber sido tres mil haikus: los haikus del Tren. En este tren, Ramón realizó un viaje iniciático y volvió con este hatillo de fotos en los que cada persona es una estación; cada vagón, una vía; cada camino, una parada y cada parada es una fotografía.

Y vuelta a empezar: cada persona es una fotografía y cada gesto suyo, una mirada.
Atacado por alguna patología poética, cada mañana se levanta hambriento de imágenes y las toma, las caza, las recolecta, a veces las roba, incluso las mendiga, según su estado de ánimo. Hasta que descubre que se relaciona con la gente a través de la fotografía. Y como en su vida cotidiana en Madrid, realiza transgresiones. Transgresiones cotidianas, domésticas. Se cuela en las bodas, se inmiscuye en conversaciones, se asoma a los compartimentos de las familias, pero, sobre todo, mira donde no hay que mirar. Siempre con su cámara.

El viaje iniciático se convierte en viaje mundano y retrata los malos olores de las alcantarillas sociales, los aromas de las novias y de las especias, los colores de las lentejuelas, la línea del horizonte invadida de pájaros o de locos, en fin, todo lo que se le ponga por delante.

Como si en cada fotografía tuviese que contar todo.
El viaje empieza a destilar experiencia y el tren fluye como un río lleno de cadáveres muy vivos. Las vías del tren se parecen a las calles, los vagones a las casas, sus habitantes son los mismos,
los moradores son viajeros. Todo es lo mismo y todo cambia.

En este tren, en este viaje gráfico, se encuentra el discurso universal del agua, con sus protocolos
y bautizos; el del comercio, y sus relaciones sociales y los mercados, donde van a mercar todos: abuelas, nietos, gatos y travestidos; está el discurso del viaje, del cambio, del tren, ese tren que tanto se parece a una casa.

En este viaje, una peluquería se convierte en un templo, un templo en un establo y el establo en una playa.
El viajero va descubriéndose a sí mismo hasta que nos encuentra a todos en la cara de una vieja.
O de una niña.